22 marzo, 2006

Por el mundo de los sueños de Miyazaki


La música hipnótica de Joe Hisaishi, esa vals vibrante y hermoso, terminaba de desgranar las últimas notas mientras los títulos de crédito pasaban en japonés. Y curiosamente, la música terminó, las luces se encendieron, y todavía bastantes nos resistíamos a levantarnos, mirándonos con tontas sonrisas de felicidad, con una sensación física de recién levantados a pesar de que rozábamos la medianoche. De las películas de Hayao Miyazaki sale uno como de una noche larguísima, de uno de esos sueños densos, como si estuvieran hechos de goma, de las que a veces te despiertas abruptamente y te gustaría volver a retomar en el mismo punto. Te enreda sin que te des cuenta en su mundo de ensoñaciones, un mundo en el que las historias van a un ritmo distinto al que conocemos, definitivamente oriental, un revuelo de imágenes oníricas que de repente se paran de manera exquisita en el detalle para dejar desarmado al espectador, que no está acostumbrado a estas sutilezas. Un placer inenarrable para los sentidos del que es difícil desconectar para volver al mundo real.

Nacido en 1941 en Tokio, Miyazaki empezó desde muy joven a trabajar en animación, y fue puliendo su estilo en largos años de series televisivas y trabajo de serie B, entre las que se incluye la inefable Heidi, que aún hoy en día, sobre todo en España, se sigue inevitablemente citando en su currículo, cuando realmente corresponde a su prehistoria en todos los aspectos que uno pueda imaginar. A partir del 84, con Nausicaa del valle del viento comenzó una imparable escalada de calidad en sus largometrajes de animación, que no ha hecho más que aumentar su fama hasta alcanzar niveles de reconocimiento extraordinarios. En todo Extremo Oriente es una leyenda, pero a raíz de sus últimas películas los propios animadores americanos han reconocido de forma unánime su talento y le han reconocido como el indiscutible maestro mundial. El Viaje de Chihiro, probablemente su obra maestra,ganó el Óscar y el Oso de Oro del Festival de Berlín, algo al alcance de pocas películas de las de actores de piel de verdad.

Con más de dos años de retraso se acaba de estrenar en España Howl’s moving castle (traducida de manera infame como “El castillo ambulante”), su última obra por el momento, y de las pocas que nos quedarán por ver de un autor que tiene ya 65 años y que amenaza siempre con retirarse tras cada película, agotado en los intensísimos períodos de producción. Miyazaki vuelve de nuevo a su mundo de valientes heroínas adolescentes, magos, brujas, dioses, máquinas volantes, castillos, atardeceres sobre luces de ciudades lejanas y ancianos protectores. La lucha entre el hombre y la naturaleza es un una constante también de sus películas, en las que sus personajes viven siempre en un mundo fronterizo entre culturas, en el que se entremezclan elementos del pasado y el futuro más tecnológico, dioses de la tradición japonesa y terribles monstruos que nacen del choque cultural entre el mundo rural y la industrialización, que tan virulento fue en un país de tradiciones milenarias. Un mundo complejo, bien es cierto, al que no todo el mundo accede igual de bien, y no se si muy fácil para los niños. En todo caso, cuando se entra, resulta imposible salir.

1 Comments:

Blogger Pompeyo Guimarán said...

No creas que se yo mucho más sobre el mundo del dibujo manga. De hecho, no recuerdo haber visto ninguna otra película quitando las de Miyazaki, a las que llegué por auténtica casualidad. No me atrae especialmente ese mundo. Pero las de Miyazaki son otra cosa muy distinta. Por cierto, no lo cité mas que de pasada, pero las bandas sonoras de Joe Hisaishi son otro de los grandes atractivos de estas películas; yo, que no soy especial seguidor de las B.S.O., me pongo estas en casa de vez en cuando. Son verdaderamenre bellas.

Yo he disfrutado con algunas de las películas de animación americanas de los últimos tiempos, quizá más con las "Toy story" (adoro el personaje de Buzz Lightyear, cuando descubre que es un juguete actua mejor que la mayoría de los actores de verdad), pero si reconozco que las bromas de "Shrek" se agotan quizá demasiado pronto. "Ice age" tampoco estaba mal. Pero un los ve, y entiende por qué los animadores americanos adoran a Miyazaki y la Disney compró todos sus derechos para distribuirla. Pertenece a otra órbita. De todos modos, entiendo perfectamente que los padres de familia acabeis saturados hasta el punto de ni distinguir ya lo que veis. Ponle "El viaje de Chihiro" a tus peques, o los duermes (cosa que a veces agradecerás) o los conviertes en unos "connoisseurs"...

3:31 p. m.  

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