26 julio, 2006

La infancia y Sandor Marai


Leí en los últimos tiempos un par de libros del escritor hungaro que me gustaron mucho (sobre todo "El último encuentro") y apenas sabía de el que se suicidó, como Zweig, en el exilio, en Estados Unidos, cuando vivía ya hace años lejos del mundo al que perteneció. Me resultó muy atractivo entrar a "Confesiones de un burgués", su autobiografía, y disfruté mucho de sus historias de de principios del siglo XX, de la narración de las vidas de esas noblezas centroeuropeas que ya parecían extrañamente decadentes hasta en sus momentos de máximo esplendor, y que da la sensación de que fueron barridos por la locura de las guerras de la primera mitad del siglo, excepto en los casos en que se mancharon las manos pasando a la gran industria, pagados muchas veces por dinero demasiado poco claro...

El caso es que el libro está bien, pero volvió a ocurrirme algo que ya me había pasado antes: sin duda, la parte más interesante, emocionante y bella es la infancia del personaje. Después sigue teniendo interés, o a veces no, pero nada es tan agradable de leer y de rememorar como los primeros años. Y me ha pasado también con otras autobiografías tan distintas como la de Fernando Savater, o la de Billie Holiday. Por relevante que haya sido la vida del personaje, parece que no tiene tanta importancia como el principio. Quizá nos pasamos el resto de la vida intentando justificar los sueños que tuvimos de niños y que nunca fuimos capaces de conseguir. Y cómo pasa factura si al final tienes que mirar en un espejo tu propia existencia.